NUESTRO SANTO

El 20 de enero se recuerda el martirio de San Sebastián, quien entregó su vida por mantenerse fiel a Jesucristo. Nació en el año 256, hijo de un noble galo originario de Narbona, y fue criado en Milán por su madre.

En el año 269 ingresó al ejército romano, donde pronto sobresalió por su disciplina, valentía y capacidad de liderazgo. Gracias a estas virtudes, el emperador Diocleciano lo nombró jefe de la primera cohorte de la guardia pretoriana, sin saber que era cristiano.

Aunque cumplía con esmero sus obligaciones militares, se negaba a participar en los cultos paganos. En secreto, alentaba a los cristianos perseguidos y visitaba a quienes estaban encarcelados por su fe. Finalmente fue denunciado y llevado ante el emperador Maximiano, quien le exigió renunciar a Cristo. Sebastián proclamó su fe sin temor.

Como castigo, ordenaron que fuera atado y atravesado por flechas. Creyéndolo muerto, lo abandonaron, pero sobrevivió gracias a los cuidados de una cristiana llamada Irene. Una vez restablecido, decidió no huir y se presentó nuevamente ante Diocleciano para reprocharle la persecución contra los cristianos.

Sorprendido al verlo con vida, el emperador mandó ejecutarlo de nuevo, esta vez a golpes. Su cuerpo fue arrojado a un pozo, pero los fieles lo recuperaron y lo sepultaron en la Vía Apia, en una catacumba que hoy lleva su nombre. Murió en el año 288.

Desde entonces, cada 20 de enero la Iglesia celebra su memoria. Es venerado como protector contra la peste y defensor de la fe. Su figura ha inspirado numerosas obras de arte y es el patrono de nuestra parroquia.

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